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Dos épocas de la historia a solo un corredor de distancia









La restauración de dos casas patrimoniales del Centro Histórico hace visibles espacios coloniales y republicanos.


Transformación, esa es la palabra clave y el concepto que conocen bien las paredes, los pisos y los techos de dos casas que han sobrevivido al paso de los años. Aunque no siempre estuvieron juntas y la una supera a la otra por un siglo y un poco más, que estén juntas las vuelve casi como un portal del tiempo que lleva a los visitantes a conocer dos épocas distintas.


Justo en el cruce de las calles García Moreno y Manabí, en el Centro Histórico, se levanta la primera edificación, la más antigua que lleva el nombre de la calle en la que está: García Moreno. De dos pisos, color hueso impecable, techos de madera, ventanales amplios y un patio que atrae la atención. Su sencillez es la característica que tuvo desde el inicio, cuenta la directora del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), Angélica Arias, quien estuvo presente en el último proyecto de recuperación de este inmueble.


A pesar de que ahora luce así, desde aproximadamente 1800, cuando fue construida, ha sufrido muchos cambios y adaptaciones. En los primeros planos que se trazaron de la ciudad, esta construcción aparece como una casa de un piso, justo en el núcleo central que constituía Quito.

En la línea del tiempo se amplió, se dividió y se volvió a fusionar varias veces y mientras corrían los años de crisis económica en el país por los 1930 apareció su vecina, la casa Guillespi con nuevos aires de diseño republicano.


De cualquier forma, caminar por la casa proyecta una sensación diferente que recorrer una casa de estilo colonial. Esta es de tipología única, afirma la Directora del IMP. Al contrario de las construcciones de la época anterior, esta tiene una característica que la destaca.



En la parte posterior, la casa se distribuye a partir de dos patios que están divididos por un corredor que luego se convierte en una especie de puente. Desde ahí se puede ver al primer piso y los patios profundos.


Restauración



A pesar de que el proceso de restauración y conservación duró dos años, son alrededor de diez los que se han requerido para que las dos casas vuelvan a un estado habitable. En ellas se conservó el 80% de la madera original, molduras, pintura mural, cielos rasos de latón y otros elementos patrimoniales.



Entre las anécdotas de la rehabilitación, están las del árbol de magnolio que se encuentra en la parte posterior de la casa Guillespi. Este es un ejemplar centenario al que se le tuvo sumo cuidado para que no muriera. Se cavó una especie de maceta gigante para que el suelo no se viera afectado y un biólogo extranjero acudía para conversar con él todos los días. (PCV)


Salto de época



Basta cruzar uno de los corredores de la casa García Moreno para dejar atrás las paredes de adobe y los pisos de madera y encontrarse con baldosa hidráulica de colores y cielos rasos de latón, estos últimos traídos directamente desde Francia.



Es la casa Guillespi, construida hace menos de un siglo por la familia que llevaba el mismo apellido e ideada por el arquitecto ítalo-suizo Francisco Durini. Aunque la construcción es más nueva, tampoco se salvó de las modificaciones.



Por sus corredores de columnas ostentosas pasaron familias que vivían ahí, pacientes que se atendían en un centro médico que también tuvo sus consultorios en la casa, estudiantes que recibían clases en el colegio que funcionó en las instalaciones y, según contaban los vecinos, descansaron además otros visitantes cuando ahí funcionó una morgue, aunque según los datos de la restauración que la hizo el IMP, no hay registros de


Inauguración


Con recorridos abiertos al público y una muestra fotográfica, mañana a las 18:00 se inauguran las dos casas que ahora son sede de las oficinas del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) y de la Agencia Metropolitana de Control. Los espacios de las casas Guillespi y García Moreno seguirán recibiendo a los visitantes para otras actividades como exposiciones itinerantes y charlas sobre temas patrimoniales. Además, dentro del proyecto también se está adecuando la biblioteca Rodrigo Pallares, que lleva el nombre del arquitecto quien logró que la ciudad recibiera el reconocimiento de Quito como patrimonio por la Unesco, en 1978. Ahí se podrán consultar libros acerca de patrimonio y su conservación.





38 años como patrimonio



Esta semana se cumplen 38 años desde que la Unesco aprobó la declaratoria de Quito como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por esto, se realizan una serie de actividades para conmemorar esta fecha especial. Adicionalmente, este año se intenta mostrar todo el potencial que tiene la ciudad y sus bienes de inmensa importancia y belleza. La directora del Instituto Metropolitano de Patrimonio, Angélica Arias, menciona que Quito siempre ha sido pionero en temas de conservación de patrimonio, pero que se sigue avanzando para que los propios ecuatorianos valoren esta riqueza que además representa una responsabilidad.